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Una vez mas, pude ver que los caminos que tiene Dios para llegar a nosotros son muy diversos.
Mi diálogo con Él es intenso y mis preguntas... inagotables.
El jueves pasado estaba triste porque, alguien cercano a mí, se suicidó y, si a duras penas puedo aceptar la muerta, esto me sumió en tristeza y desesperanza. Pero conocía Daniel y a través de sus bellos ojos y de sus palabras encontré respuestas y paz. Daniel me enseñó en un par de horas que la vida puede colocarnos piedras y palos pero si amamos la vida... todo podemos lograrlo. Con su inmensa ternura y fuerza de voluntad le hizo frente al dolor a su incapacidad. Y me dijo: "esta silla de ruedas me enseñó mucho..."
Mientras me hablaba dificultosamente, gruesas lágrimas rodeaban mi rostro, porque sentía que "mi" Padre me hablaba a través suyo. Y el viernes cuando desperté, nuevamente me invadió la tristeza, pero mientras lloraba, el rostro y la fuerza de Daniel me dieron las fuerzas a mí para enfrentar un nuevo día.
Y si mis piernas son fuertes, mi salud es óptima y mi mente funciona, no tengo derecho a pedirle cuantas a la vida... porque puedo correr, saltar, reír, abrazar a los que amo, porque soy libre, y todos estos dones debo agradecerlos. Por eso me sequé las lágrimas, salté de la cama, observé el cielo majestuoso y empecé a vivir
un nuevo día en mi vida.
Voluntaria del Área Cuidadores
Casa de la Bondad |
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Como voluntarios de la Hospedería Padre Alberto Hurtado, queremos compartir con Uds. un poco de nuestra experiencia. Cuando ingresamos a la Fundación (Manos Abiertas) nuestro país enfrentaba difíciles momentos. A los problemas económicos se sumaban los sociales y algunas carencias de valores.
La realidad nos mostraba que, cada vez más gente estaba obligada a vivir al margen y sufrían la indiferencia de nuestra sociedad, quedando de alguna manera marginada o por lo menos postergada.
A pesar de todo esto, entendimos que atrás de ese penoso abandono social, hay un hombre que necesita volver a empezar, y en entendimos también que no bastaba con condolerse de esa realidad social, sino que era necesario hacer algo por nuestro hermano desposeído.
Sabíamos que queríamos hacer algo por las personas que más necesitaban en ese momento y pudimos hacerlo por medio de la invitación de Manos Abiertas.
La propuesta de trabajo en conjunto, para que todos seamos conscientes de la necesidad que teníamos unos de otros, y para lo que hasta entonces se sentían excluidos supieran que son necesarios, y que nosotros SÍ confiábamos en ellos.
La experiencia de participar como voluntarios de la Hospedería es enriquecedora y gratificante, pues nosotros recibimos mil veces más de lo que damos y eso nos llena de alegría y reconforta el corazón.
Hoy, nos sentimos parte de la Hospedería y uno más de la gente que la conforman. Esta casa es, primero de la gente de la calle y para ella, pero también es nuestra, porque de alguna manera los hombres que desde la calle llegaron a Manos Abiertas, nos permitieron formar parte de sus vidas. Nos dejaron llegar a ellos y así, día a día, con la generosidad de todos, pudimos llevar a cabo nuestros objetivos y la razón de ser de la Fundación.
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El evidente crecimiento de la Hospedería nos enseño, también, que aunque muchas veces las situaciones son adversas y difíciles, podemos luchar y llegar lejos. Por eso intentamos todos los días superar los pequeños obstáculos y también enfrentar nuestros propios miedos al fracaso. Queremos agradecer a todos, por hacer posible este proyecto, por acompañar y por aportar desde donde se puede.
Esto solo ya es un testimonio de fe y amor.
Grupo de Voluntarios
Hospedería P. Alberto Hurtado |
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Pertenecer a la familia Manos Abiertas ya es una bendición de Dios. Como integrante del Equipo Madre Teresa, la sensación de pertenencia es muy fuerte y emocionante. La calidez del grupo, las personas que visitamos y los regalos que me fue haciendo Dios, durante todo este tiempo de esta hermosa tarea, no tienen precio para mí.
En un mundo donde solo se destaca el mal (porque el bien es silencioso) el reunirme con personas que hablan mi "idioma" del corazón, hace que cada día tenga más esperanzas en un mundo mejor.
El voluntariado ha enriquecido mi alma de un mundo inimaginable, solo sintiéndolo se puede saber. Un día descubrí que mi visita, a la persona a quien acompaño en su soledad, era para mí una necesidad.
Verla alegrarse con mi llegada, me alegraba más a mí que a ella. Al menos sentía así. Posiblemente con los años alguien me reemplazará, pero en mi corazón ni se borrará cuánto vivo como voluntaria.
Voluntaria del Equipo Madre Teresa de Calcuta |
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| "Mantita" |
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José "Manta" con tus cuadros de colores
me quebrantas la inocencia de la noche.
Y los truenos que agoniza los adornos de tu cuello tan cansado,
son llantos que la sorda indiferencia
le desgarra a cada noche.
Tan sin causa te dejamos
que en el humo azabache de tu fuego
buscas cuervos de esperanza.
Alimentas con tus bolsas esos cuervos
y que vuelen, donde ya
ni el más rico los alcanza.
No te entiendo José "Manta",
ni a las manchas de tus cuadros
ni a tus ojos,
ni a tu barba,
ni a las llagas de tus plantas,
no tan frías de descalzas,
como frías de ser amadas.
Es que te fuiste tan lejos
Allá... más allá de los señores,
de los impuestos, las ciudades.
Tan lejos de esta tierra, de esta sangre,
que nuestras mentes atadas ni pretendan ya tomarte
No me dueles José "Manta",
ni el sonido de tu vientre
ni el temblor de tus pestañas. (Tu sonrisa
me transmite ese Don que recibiste y te mantiene)
Sí, me azota el corazón cada latido más fuerte,
la bazofia de sistema en que vivimos
y tu historia
y mi historia
y el pasado del pasado
de la nuestra. |
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No me cuentes José "Manta",
tu pasado sino quieres
no me digas que destino te arrojó
de donde vienes
solo quiero esa mirada
de hadas, ángeles y duendes
que me borre de esta mierda:
tanto vales cuanto tienes.
No me digas José "Manta" que no tienes
un poquito de tu mugre
para rellenar las sienes,
tan roídas de limpieza
de esos copetudos seres.
Dibujamos tu destino.
Y hoy nos duele en la retina
esa imagen de la manta tan gastada,
de la espalda tan arqueada,
de la vida tan golpeada.
¡Arrástale sin vergüenza tus talones,
su aspereza y sus caminos
a los rostros de sonrisa demagoga!
¡Y a las conciencias tranquilas
pedorréz farandulera, vista gorda e hipocresía!
Que tus perros no te muestren
que los hombres de alma noble ya no existen.
Hay personas todavía.
Por favor, decí "Mantita":
que hay personas todavía,
más allá de tus zapatos de polietileno destruido,
más allá de tu escasa cena, repetid,
a pesar de los chicos que se fueron sin conocer tu sonrisa...
¡Grítame fuerte "Mantita": hay personas todavía!
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Equipo Los Buscadores
Hospedería P. Alberto Hurtado |
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Hola, mi nombre es Verónica Videla.
Formo parte del equipo de psicología que
trabaja en el Centro Beato Hurtado. Durante la
primera mitad de este año he coordinado,
junto con Graciela Bartomeo (psicopedagoga), un
taller de música folklórica para
niños entre 6 y 10 años. En el equipo
de psicología estamos trabajando para ofrecer
espacios preventivos, que apunten, entre otras
cosas, a priorizar y fortalecer los aspectos saludables
de las personas. Por eso quisimos ofrecer un espacio
de diversión y de juego, terapéutico
por añadidura tal vez (hasta para las coordinadoras),
pero prioritariamente recreativo.
Ha sido un hermoso regalo la oportunidad de vivenciar
todo lo que lo niños tienen para enseñarnos
cuando estamos abiertos a escucharlos y a mirarlos.
Todos ellos tienen talento y capacidad para la
música. Solo debemos ofrecerles un espacio
musical.
En solo cuatro meses de trabajo, los chicos han
logrado cosas maravillosas. En el primer taller,
ni siquiera se animaban a cantar, y luego de tres
meses, no solo cantaban afinado, sino que además
bailaban, tocaban percusión y actuaban.
Cada uno fue encontrando y eligiendo lo que más
le gustaba hacer: cantar, bailar, dirigir un grupo,
hacer percusión, actuar, diseñar
disfraces. Y así han logrado una banda
de música folklórica en la cual
cada niño ha sido indispensable para que
las canciones salgan lindas.
Varias cosas me asombraron: la constancia que
tuvieron los niños para venir cada semana
a los ensayos, todas las ideas lindas con las
que fueron enriqueciendo las canciones (una niña
me advirtió que las introducciones de música
folklórica deben acompañarse con
palmas), la colaboración de los padres,
tan conmovedora cuando se trata de los que menos
tienen (una mamá hizo los disfraces para
varios niños), la concentración
y la paciencia de los chicos cuando nos dividíamos
en grupos y debían esperar su turno…
Coordinar este taller ha sido para mí
una experiencia inolvidable, difícil de
transmitir con palabras. Nos divertimos un montón,
compartimos hermosos momentos, y aprendí
muchísimo junto a ellos. Me he sentido
muchas veces una niña más, bailando
y cantando con los niños. Por momentos,
el taller mismo dejaba de ser para mí fundamental,
y disfrutaba mirando las caras alegres y contagiosas
de los chicos, que cantaban con toda la fuerza
de sus pulmones, se reían de ellos mismos,
eran niños.
En el consultorio del barrio veo muchos niños
que no pueden serlo: deben ocuparse de sus hermanos,
de la casa, de problemas de todo tipo, hasta de
sus padres en muchos casos. Sabemos que todos
los chicos necesitan, para crecer sanos, situaciones
de juego y de diversión, y nosotros los
adultos somos los responsables de cuidar y hacer
crecer esos contextos de recreación, indispensables
para ellos. Agradezco a todos los que depositaron
en mí su confianza y me ayudaron a construir
un espacio que apuesta a abrir las manos para
abrazar los derechos de los niños.
Voluntaria Taller de Música Manos Abiertas
Buenos Aires |
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